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Agroecología

“Olvidar cómo excavar la tierra y cuidar el suelo es olvidarnos de nosotros mismos.” (Mahatma Gandhi)

Después de la conquista, se introdujo en Canarias un sistema agrícola intensivo destinado a la exportación de productos como el azúcar, el vino o los tintes. Estos monocultivos fueron menguando las reservas de agua y alterando el paisaje. La estocada final vino con la introducción del plátano, un cultivo extremadamente demandante de agua. A mediados del siglo XX comenzaron a emboquillarse galerías (en ocasiones de varios kilómetros de longitud) para alumbrar las aguas subterráneas. Con la extracción de las reservas de agua subterránea y la progresiva caída del nivel freático, los antaño abundantes nacientes, cascadas y riachuelos naturales que había en muchas islas de nuestro archipiélago fueron despareciendo.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX se han vivido en las islas profundos cambios ligados a la transformación de la economía agrícola en una economía basada en el turismo. Con ello, las medianías de las islas han sido escenario de un verdadero éxodo rural, viviendo un progresivo abandono de las tierras de cultivo. Con ello ha crecido exponencialmente la importación de alimentos desde el exterior, con el consiguiente problema de dependencia y, además, la contaminación derivada del transporte. Al mismo tiempo, a escala global se vivió la llamada Revolución Verde, que permitió aumentar la producción de comida mediante el uso de cereales más resistentes y la aplicación intensiva de químicos, con un coste ambiental absolutamente insostenible.
Por ello es fundamental que, tanto a nivel global y quizás más aún en nuestras islas, se promueva una transición a prácticas agrícolas que regeneren los ecosistemas en los que se implementan.

     Fotos: Jonathan García

Desde la Fundación entendemos que la regeneración solo es posible si nos relacionamos con la tierra desde una perspectiva de respeto absoluto, donde ésta deja de ser un recurso para la explotación y se convierte en el soporte de la vida de la que el ser humano es solo una parte más que tiene que recuperar su función dentro del ecosistema para contribuir a su cuidado y mantenimiento. Es nuestra responsabilidad regenerar aquello que nosotros mismos hemos degradado. Recuperar una mirada que apoya el mantenimiento de la vida es transformar nuestras relaciones también con las demás personas y las demás especies, promoviendo así la justicia, la igualdad y la salud. Promover la reducción de agrotóxicos, el uso de semillas locales, la repoblación de la flora autóctona, aportar vida a los suelos, pasar del monocultivo al policultivo y favorecer el consumo de subsistencia y de cercanía, donde la población local pueda recuperar su soberanía alimentaria y por lo tanto relaciones más justas y saludables, son líneas de acción fundamentales para nuestra Fundación.

«Es un cambio de paradigma dentro de nuestra consciencia, reverdecer el desierto interior tanto como el exterior, desde la monocultura hacia la policultura, desde la simplificación hacia la diversidad, desde la separación a la unidad, desde el miedo a la confianza, desde la mentira, la explotación y manipulación hacia el respeto, la cooperación y la interdependencia. Pasar de individuo interventor a participante del ecosistema. Sin esta redefinición profunda de visión corremos el riesgo de cambiar fundamentalmente nada.»

(Presentación de Carlos Pons en el libro Sembrando en el Desierto de Masanobu Fukuoka, edición de Red de Permacultura del Sureste Ibérico)