Trenes en Canarias: proyecto desproporcionado, territorio limitado

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La propuesta de construir líneas de tren en Tenerife y Gran Canaria, con un coste de más de 4.000 millones de euros, lleva años generando debate en las islas.

Llevamos año tras año escuchando las propuestas de las instituciones políticas sobre las próximas e inminentes construcciones faraónicas de diferentes líneas de tren en Canarias.

Estas propuestas, presentadas como una solución moderna y eficiente a los problemas de movilidad, levantan serias dudas sobre su viabilidad, impacto y necesidad. Desde la Fundación Canarina, queremos analizar críticamente esta propuesta y reflexionar sobre sus implicaciones para nuestro territorio, ya de por sí frágil y limitado.

Coste ambiental

Canarias es un archipiélago con un ecosistema único, pero también extremadamente frágil. La construcción de líneas de tren implicaría:

  • Destrucción de hábitats naturales: las vías ferroviarias atraviesan terrenos rurales y protegidos, fragmentando ecosistemas y desplazando especies autóctonas.
  • Consumo de recursos naturales: grandes movimientos de tierra, hormigón y energía intensiva hacen que las obras tengan un impacto ambiental muy significativo.
  • Presión sobre espacios protegidos: proyectos de esta envergadura no se pueden desarrollar sin comprometer zonas agrícolas o naturales que son esenciales para la biodiversidad y la soberanía alimentaria.

En una región que ya sufre las consecuencias del cambio climático, como la desertificación o la pérdida de recursos hídricos, ¿podemos permitirnos un proyecto tan agresivo para nuestro territorio?

¿Adaptación al territorio insular?

La construcción de trenes puede tener sentido en grandes territorios continentales, pero ¿es realmente viable en islas pequeñas como Tenerife y Gran Canaria?

  • Distancias cortas: Las islas cuentan con dimensiones reducidas y concentraciones poblacionales que pueden cubrirse con alternativas de transporte más flexibles.
  • Rigidez del sistema: Un tren depende de estaciones fijas y trayectos limitados, lo que reduce su capacidad de adaptarse a las necesidades reales de la población.
  • Dependencia del coche privado: Muchas personas necesitarían desplazarse en coche hasta las estaciones, perpetuando el uso del transporte privado en lugar de reducirlo.

En lugar de apostar por una infraestructura rígida y costosa, ¿por qué no enfocarse en mejorar los sistemas existentes, como las guaguas rápidas y eficientes?

Coste económico

Hablar de trenes en Canarias implica hablar de dinero. Según las estimaciones, estos proyectos costarían unos 4.000 millones de euros. ¿Se puede justificar esta inversión cuando hay problemas sociales y económicos más urgentes que atender?

  • Inversión multimillonaria: los trenes consumirían recursos económicos que podrían destinarse a vivienda, sanidad, educación o protección del territorio, áreas donde Canarias tiene grandes déficits.
  • Coste de mantenimiento: la operación de las líneas ferroviarias requeriría un presupuesto continuo, difícilmente justificable en un territorio limitado.
  • Desvío de fondos públicos: mientras se habla de trenes, las guaguas siguen infrafinanciadas y las políticas de transporte sostenible apenas reciben atención.

Una década de espera

El tren no es una solución viable a corto plazo para los problemas de movilidad en Canarias. Un proyecto de esta magnitud requiere una inversión multimillonaria, largos plazos de ejecución, estimados en unos 10 años, numerosas expropiaciones que dilatarían aún más su construcción y también generarían un colapso en las carreteras debido a las obras, afectando aún más la movilidad diaria. Un tren en Canarias no sería una alternativa realmente rápida ya que debería hacer múltiples paradas durante el trayecto para ser una opción útil para la población, lo que reduciría su ventaja en comparación con otras formas de transporte.

Probablemente, dentro de una década los problemas de movilidad en las islas serán diferentes a los actuales, por lo que su implantación llegaría tarde. ¿Podemos esperar 10 años para solucionarlo?

¿Soluciona los problemas de movilidad?

El tráfico y la saturación de las carreteras son problemas importantes en Tenerife y Gran Canaria, pero ¿es el tren la solución adecuada?

  • Desigualdad territorial: muchas zonas no tendrían acceso a las estaciones, perpetuando la exclusión de ciertas poblaciones del sistema de transporte.
  • Congestión urbana: el tren conecta principalmente zonas periféricas, dejando sin resolver los problemas de tráfico en los núcleos urbanos.
  • Falta de alternativas: sin un plan integral que combine guaguas, bicicletas y transporte activo, el tren no será suficiente para garantizar un transporte eficiente y sostenible.

Alternativas sostenibles 

Existen soluciones más sostenibles, económicas y adaptadas a las necesidades de Canarias:

  • Mejora del transporte público existente:
    • Carriles exclusivos para guaguas.
    • Incremento de la frecuencia de líneas.
  • Fomento del transporte activo:
  • Inversiones en infraestructuras para bicicletas y peatones como carriles bici y más calles peatonales.
  • Gestión inteligente del transporte:
    • Regulación de horarios para reducir picos de tráfico.
    • Incentivos para el uso del transporte público.
  • Protección del territorio:
    • Apostar por proyectos que respeten el medioambiente y prioricen las necesidades reales de la población frente los macroproyectos que siguen destruyendo el limitado territorio insular.

¿Necesidad o disparate?

Desde la Fundación Canarina consideramos que los trenes proyectados en Tenerife y Gran Canaria representan una solución desproporcionada para los problemas de movilidad en Canarias. Su coste económico, más de 4.000 millones de euros, su impacto ambiental y su falta de adaptación al territorio insular hacen que esta propuesta no sea viable ni deseable.

En lugar de seguir soñando con proyectos faraónicos, necesitamos un cambio de modelo que priorice la sostenibilidad, la equidad y la conservación de nuestro entorno. El futuro de Canarias depende de decisiones responsables, no de ilusiones de modernidad que comprometen nuestro presente y nuestro futuro.

Canarias no necesita trenes; necesita un transporte público eficiente, sostenible y adaptado a su realidad insular.

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