
Canarias se enfrenta a una crisis hídrica sin precedentes. El acceso al agua se vuelve cada vez más incierto.
Canarias está atravesando una crisis del agua inédita en su historia. Mientras las autoridades celebran cifras récord de turismo y promueven la construcción de macroproyectos turísticos en todo el archipiélago, el acceso al agua en las islas se vuelve cada vez más impredecible. La sobreexplotación y contaminación de los acuíferos y la mala gestión de los recursos están poniendo en jaque el suministro de agua, afectando no solo al medioambiente, sino también a la población local.
Sobreexplotación y agotamiento de los acuíferos
Durante décadas, el modelo de desarrollo de Canarias ha dependido de la extracción masiva de agua subterránea, donde más del 80% de los recursos hídricos disponibles provienen del subsuelo. Sin embargo, los acuíferos ya no pueden sostener este ritmo y su sobreexplotación los ha llevado a un descenso alarmante de los niveles de agua, provocando la salinización de los pozos y la pérdida de fuentes naturales esenciales para la biodiversidad.
Despilfarro en tiempos de sequía
Mientras la agricultura sufre continuas restricciones y la ciudadanía ve cómo aumentan los cortes de suministro, los campos de golf, parques acuáticos, hoteles y demás infraestructuras no esenciales relacionadas con el turismo y con el ocio continúan consumiendo cantidades desorbitadas de agua. Este modelo de desarrollo, basado en el sobreturismo, no es sostenible y está poniendo en riesgo un recurso vital para la vida en las islas.
Esta industria es responsable directa de un consumo desproporcionado de agua en Canarias, con unas cifras que triplican a las de la población: entre 300 y 500 litros de agua al día por cada turista que visita Tenerife, mientras que el consumo doméstico per cápita local ronda los 140 litros diarios.
La diferencia es abismal y pone de manifiesto la presión que ejerce este sector sobre los limitados recursos hídricos del archipiélago. En zonas turísticas, como el sur de Tenerife o el de las islas orientales, se destinan enormes cantidades de agua para el mantenimiento de hoteles, piscinas y zonas ajardinadas.
Contaminación del agua
Al despilfarro de agua para uso turístico se suma la contaminación de los acuíferos debido a la actividad industrial y agrícola. Nitratos, pesticidas y otros productos químicos han sido detectados en el agua potable, lo que representa una grave amenaza para la salud pública. Además, el vertido de aguas residuales al mar sigue siendo un problema sin resolver, afectando a ecosistemas marinos y a la calidad del agua de baño.
Falta de inversión en infraestructuras sostenibles
Las desalinizadoras y depuradoras podrían ser parte de la solución, pero la falta de inversión, la dependencia de combustibles fósiles para su funcionamiento y los residuos generados las hacen poco sostenibles. En lugar de apostar por medidas urgentes para mejorar la eficiencia del sistema de abastecimiento, reducir las pérdidas (que rondan el 30%) y fomentar el ahorro de agua, las administraciones siguen promoviendo macroproyectos que no solo ignoran la crisis hídrica, sino que la agravan y generan aún más presión sobre nuestros recursos.
¿Qué podemos hacer?
Desde la Fundación Canarina exigimos una gestión del agua eficiente que garantice el acceso a ella en igualdad de condiciones y ponga freno al despilfarro. Para ello es imprescindible:
- Regular el uso del agua en sectores con alto consumo como el turístico.
- Invertir en la modernización de las infraestructuras hidráulicas para evitar pérdidas.
- Apostar por una gestión sostenible del agua que priorice el abastecimiento local, doméstico y agrícola.
- Fomentar campañas de concienciación para el ahorro de agua en todos los sectores.
La crisis del agua en Canarias no puede seguir siendo un problema solo para la población, que sufre sus consecuencias y restricciones, mientras industrias que la derrochan continúan con su actividad. Es urgente tomar medidas que nos permitan cuidar este recurso indispensable y limitado en las islas.










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