El documento titulado “80 y pico medidas para el cambio de modelo” es fruto de un proceso participativo sin precedentes.

Tras el 20 de abril y el 20 de octubre, el pasado 18 de mayo de 2025 las calles de todas las islas volvieron a llenarse con una sola voz: “¡Canarias tiene un límite!”. Bajo este grito, la ciudadanía volvió a demostrar su compromiso con un cambio urgente de modelo que priorice la vida, el territorio y la justicia social. Lo que comenzó como una movilización puntual se ha convertido ya en un proceso estructurado y participativo: Canarias Palante.
Desde la Fundación Canarina hemos formado parte activa de este movimiento desde sus inicios, convencidas de que el actual modelo económico y territorial, basado en el extractivismo, el sobreturismo y la desregulación, no solo es insostenible, sino que pone en riesgo el territorio, la salud de las personas, la biodiversidad de nuestras islas y los derechos sociales fundamentales.
De la movilización a la articulación
El documento titulado “80 y pico medidas para el cambio de modelo“ es el fruto de un proceso participativo sin precedentes. Más de 75 colectivos de todas las islas —sin partidos políticos ni intereses empresariales— han trabajado conjuntamente para recoger más de 1.200 propuestas ciudadanas. Este esfuerzo ha sido canalizado en un proceso participativo real, autogestionado y sin financiación institucional, demostrando que la democracia directa es viable cuando se pone la vida en el centro.
Este trabajo no es un listado de demandas aisladas. Es una hoja de ruta estructural que aborda, con profundidad y visión transformadora, todos los aspectos fundamentales que condicionan la vida en Canarias.
Tres pilares para una transformación urgente
El documento se estructura en tres grandes bloques de sostenibilidad —ambiental, social y económica— y un eje transversal sobre población y migraciones. Todos ellos están interrelacionados y parten de una misma premisa: Canarias no puede seguir desarrollándose a costa de su propio territorio ni de su gente.
- Sostenibilidad ambiental: proteger lo que somos
Las propuestas ambientales apuntan a una transición energética justa, con energías renovables descentralizadas y de gestión pública, el abandono de megaproyectos insostenibles, la lucha contra la pérdida de biodiversidad y una gestión del agua orientada al bien común y no al negocio privado.
También se incluye una transformación radical del modelo de movilidad —hoy dominado por el coche privado— y del sistema de gestión de residuos, con una apuesta clara por la economía circular, la educación ecosocial con una visión crítica hacia el modelo de consumo actual y la eliminación progresiva de vertederos e incineradoras.
- Sostenibilidad social: garantizar derechos, cuidar la vida
La salud, la educación, la vivienda, los cuidados y la cultura son abordados desde una perspectiva de derechos. Se plantea la necesidad de fortalecer la atención primaria, blindar el sistema público de salud, garantizar el derecho a una vivienda digna y frenar la turistificación, que expulsa a la población residente, desplazando su cultura y su forma de vida.
Además, se reivindica una educación crítica, inclusiva y vinculada al territorio, como herramienta clave para construir una ciudadanía consciente, arraigada y empoderada. Y se recogen medidas para promover la paz, la desmilitarización y la convivencia en un archipiélago que, como frontera sur de Europa, requiere una política migratoria humanitaria y justa.
- Sostenibilidad económica: redistribuir la riqueza, relocalizar la vida
El modelo económico propuesto apuesta por la soberanía alimentaria con el impulso del sector primario, la relocalización de la producción, la economía social y el trabajo digno. Especial mención merece el bloque dedicado al turismo, donde se reclama una moratoria inmediata, una ecotasa, y la transición hacia un modelo turístico sostenible, limitado, contenido y compatible con la vida local.
El territorio, en el centro del conflicto
Uno de los ejes más transversales del documento es la defensa del territorio. En un archipiélago con recursos naturales limitados y bajo una presión turística sin precedentes, el modelo urbanístico actual se ha convertido en un instrumento de destrucción y exclusión. Las medidas recogidas proponen frenar de inmediato los proyectos ilegales, revertir planeamientos expansivos, crear observatorios ciudadanos y devolver el protagonismo a las comunidades locales.
Un proceso que continúa
“80 y pico medidas para el cambio de modelo” no es un punto final, sino un punto de partida. El proceso Canarias Palante sigue en marcha. La Fundación Canarina seguirá participando activamente en este espacio plural, abierto y horizontal, convencida de que la transformación solo es posible desde la base, con participación directa, escucha mutua y compromiso colectivo.
El momento histórico que vivimos exige responsabilidad. El tiempo de los diagnósticos ha terminado: ahora toca actuar. Este documento colectivo es una herramienta para el diálogo, la presión social y la acción política.
Desde la Fundación Canarina hacemos un llamamiento a las instituciones, a la ciudadanía y a los medios de comunicación: escuchen lo que ya ha comenzado en las plazas, en las asambleas, en los pueblos y en las calles. Solo faltan ustedes.










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