
Querida gente de Canarias,
Sabemos que a veces parece inútil alzar la voz: que gritamos y no contestan, que marchamos y no escuchan, que pedimos dignidad y responden con silencio o promesas vacías. Esa es la estrategia: que creamos que no vale la pena, que nos rindamos, que bajemos los brazos.
Pero no debemos caer en ese juego. Porque cuando nos unimos, lo imposible se mueve. Cuando defendemos la tierra, la vida y la dignidad, algo cambia: no solo afuera, sino dentro de todas y todos nosotros. Y eso nadie puede quitárnoslo.
Las islas han sobrevivido a siglos de explotación, y aquí seguimos. Cada lucha, cada manifestación, cada palabra que pronunciamos es un eslabón de la cadena que nos mantiene en pie. Quizá no veamos el fruto inmediato o no seamos conscientes, pero cada paso suma, cada voz cuenta, cada gesto abre camino. En el otro lado, cada silencio y cada vez que uno de nosotros piensa que luchar no sirve para nada, es una victoria para quienes están destruyendo estas islas en favor de sus intereses.
No estamos solos. Somos un pueblo que resiste, que ama su tierra y su gente, que no se resigna a ser tratado como paisaje o como mercancía. Si seguimos, si nos apoyamos, si nos juntamos, entonces sí tendremos fuerza para cambiar lo que hoy parece inamovible.
Por eso no te rindas. No nos rindamos. Lo único que quieren es cansarnos. Lo que debemos hacer es seguir luchando: más unidos, más firmes, más conscientes de que es la única manera.
Porque Canarias lo vale. Porque esta tierra lo merece. Porque nuestra voz importa, aunque intenten silenciarla.












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