El bosque termófilo de Canarias es una de las formaciones vegetales más desconocida y, al mismo tiempo, más degradada del archipiélago.

Situados en las medianías, entre los tabaibales-cardonales y el monteverde, el bosque termófilo alberga una gran diversidad de especies de afinidad mediterránea, como la palmera canaria, el drago, la sabina, el acebuche, el lentisco o el almácigo. Sin embargo, su superficie se ha reducido drásticamente debido a siglos de explotación agrícola, ganadera y urbanística, hasta el punto de que hoy solo quedan pequeños fragmentos dispersos en las islas.
Un ecosistema único y en regresión
Tras la conquista de Canarias, las medianías fueron el epicentro del desarrollo agrícola debido a su clima favorable y suelos fértiles. El crecimiento de los cultivos, el pastoreo intensivo y la concentración de población en estas zonas supusieron la deforestación masiva del bosque termófilo, convirtiéndolo en la formación vegetal más degradada del archipiélago. A pesar de ello, aún se conservan algunos reductos, como los sabinares de La Dehesa en El Hierro, los palmerales de Masca y la Rambla de Castro en Tenerife, el dragonal de Las Tricias en La Palma o los acebuchales del norte de Gran Canaria. En Fuerteventura y Lanzarote, donde la vegetación arbórea es más escasa, se encuentran pequeños palmerales relictos.
Biodiversidad del bosque termófilo
A pesar de su estado crítico, los bosques termófilos albergan una gran riqueza biológica, incluso mayor que la del monteverde en términos de variedad de especies vegetales. Su flora está compuesta por árboles y arbustos adaptados a un clima seco y templado, mientras que su fauna incluye artrópodos, lagartos, perenquenes y una variada avifauna, con especies como currucas, petirrojos, lavanderas, vencejos y ratoneros. Dependiendo de la especie dominante, estos bosques reciben diferentes nombres, como sabinares, acebuchales, lentiscales, palmerales, almacigares o dragonales, reflejando la gran diversidad de formaciones dentro de este ecosistema.
Amenazas y desafíos para su conservación
El bosque termófilo es un ecosistema clave para la biodiversidad y la estabilidad ecológica de Canarias, pero sigue en peligro. La especulación urbanística, la presión agrícola y ganadera y el desarrollo de grandes infraestructuras en suelo rústico han impedido su recuperación. Además, la expansión de parques de energías renovables sin una planificación adecuada y proyectos como el circuito del motor de Tenerife comprometen aún más su conservación.










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