Proyecto Regenerativo Finca Tamaide, una experiencia de éxito las medianías de Canarias

Una visión completa del proyecto de la Fundación Canarina en Finca Tamaide, en San Miguel de Abona, en la isla de Tenerife

1. Contexto territorial: crisis ecológica y modelo de desarrollo en Canarias

Las Islas Canarias, situadas en el océano Atlántico frente a la costa africana, atraviesan una etapa de profundas tensiones entre el modelo económico dominante y la capacidad real del territorio para sostenerlo. Durante décadas, el crecimiento del turismo masivo ha generado una presión creciente sobre los recursos naturales, el suelo agrícola y los ecosistemas, al tiempo que ha transformado radicalmente el paisaje insular.

Paralelamente al crecimiento del sector turístico, el sector primario, históricamente vinculado a la identidad y la autosuficiencia alimentaria del archipiélago, ha ido perdiendo peso económico y político. En la actualidad representa en torno al 1,6–1,8 % del VAB regional. En los presupuestos generales de la Comunidad Autónoma de Canarias, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria está en el último puesto, sólo con un 1,2 % sobre el total.

Todo ello ha generado una dependencia creciente de importaciones y una desvinculación social respecto al mundo rural, con un dato muy contundente: Canarias importa actualmente el 90% de los alimentos que consume. Esta dependencia exterior se produce en un contexto de agotamiento de acuíferos, degradación de suelos, contaminación marina y retroceso de ecosistemas terrestres y marinos. A esta situación se suma la extrema fragilidad biológica del archipiélago: la flora canaria, fruto de procesos evolutivos insulares únicos, presenta un elevado grado de endemicidad y una alta vulnerabilidad frente a la presión humana. La desaparición histórica de grandes superficies de ecosistemas locales como el bosque termófilo, pinar y monteverde para dar paso a cultivos, pastos y asentamientos humanos ha generado graves problemas de erosión y pérdida de biodiversidad. Los monocultivos que han marcado la historia de las islas -desde la caña de azúcar, la viña y la barrilla, pasando por las tuneras (Opuntia sp.) para obtener la cochinilla tintórea, las papas, los tomates y los plátanos (Musa paradisiaca), hasta los más recientes cultivos de flores, hortalizas y frutas tropicales como el mango, el aguacate o la papaya, en muchos casos bajo invernadero y orientados a la exportación- intensificaron los procesos de degradación ecológica del archipiélago.

A ello se sumó la explotación intensiva de las aguas subterráneas —facilitada por la propiedad privada del agua y la figura del “aguateniente”, con la perforación de galerías y pozos— que llevó a la disminución del nivel freático y a la desaparición de manantiales y arroyos, convirtiendo el agua en un recurso cada vez más escaso y valioso.

El sobrepastoreo, en un territorio cuya vegetación evolucionó sin fuerte presión de herbívoros, también ha provocado la desaparición de numerosas especies de plantas endémicas y la amenaza sobre muchas otras.

En este escenario, la restauración ecosistémica se convierte en una necesidad estratégica. Conservar especies aisladas resulta insuficiente si no se recuperan los sistemas ecológicos que las sostienen. Es desde esta comprensión que la Fundación Canarina sitúa la restauración integral del paisaje como eje de acción, teniendo en la Finca Tamaide su principal espacio de experimentación y demostración.

2. Origen y bases de diseño del Proyecto Regenerativo

La Finca Tamaide, situada a 550 metros sobre el nivel del mar en el municipio de San Miguel de Abona (Tenerife), ocupa una superficie de 6.000 m², de los cuales aproximadamente 3.500 m² corresponden a antiguos bancales en jable dedicados durante décadas al cultivo intensivo de papa. El uso continuado de fertilizantes y fitosanitarios químicos dejó un suelo empobrecido y biológicamente degradado. Tras el abandono del cultivo en 2010, el terreno permaneció improductivo hasta el inicio del proyecto en 2021.

Desde su concepción, el proyecto se diseñó bajo los principios de la forestería análoga, complementados con enfoques de permacultura y agroecología. El objetivo no era únicamente recuperar la fertilidad del suelo, sino restaurar la estructura y funciones del ecosistema potencial de la zona, caracterizado por la transición entre el tabaibal-cardonal, el bosque termófilo y los pinares térmicos del sur de Tenerife. La propuesta consistió en crear un bosque termófilo autóctono y productivo, capaz de integrar conservación de biodiversidad y producción alimentaria.

El diseño partió de un estudio detallado de las condiciones climáticas, edáficas e hídricas de la finca, así como del análisis histórico del paisaje y la observación de enclaves cercanos donde aún se conservan vestigios de bosque termófilo. A partir de esta base se seleccionaron especies nativas y endémicas propias de la zona, junto con frutales tradicionales y otras especies productivas adaptables. Se incorporaron además especies protegidas, contribuyendo a su conservación activa.

La regeneración del suelo fue la primera intervención estratégica. En los antiguos bancales se excavaron núcleos de plantación descompactados y enriquecidos con grandes cantidades de materia orgánica. El material orgánico (principalmente restos de poda, compost y estiércol) se dispuso de mayor a menor tamaño, favoreciendo la aireación y la actividad microbiológica. Posteriormente se reincorporó la tierra original y se aplicó acolchado en superficie. De esta manera, aportando materia orgánica en profundidad, se consiguió acelerar el proceso de regeneración del suelo varias décadas.

A día de hoy, la finca incorpora, como único insumo, materia orgánica de origen local. En concreto, desde finales del año 2021 hasta la actualidad se siguen llevando a cabo labores de mejora y enriquecimiento del suelo a través de la incorporación de restos de poda, así como estiércol de pequeños rumiantes de la actividad ganadera local. Además, existe un sistema de lombricompostaje de dimensiones considerables instalado en la propia finca, que permite procesar cantidades significativas de restos orgánicos convirtiéndolos en compost de calidad.

Asimismo, se han creado nueve charcas y estanques que incorporan el agua como elemento vivo y estructurante del espacio, no solo desde el punto de vista funcional, sino también sensorial, integrando su presencia y su sonido en la experiencia del lugar. Estos cuerpos de agua favorecen la biodiversidad al generar microhábitats que actúan como refugio y punto de atracción para una amplia variedad de plantas, insectos, reptiles, anfibios y aves. En conjunto, funcionan como pequeños ecosistemas autorregulados que incrementan la complejidad ecológica de la finca y aportan beneficios tanto ambientales como paisajísticos.

3. Agua: gestión adaptativa en un contexto de escasez

Mención especial merece el agua de riego, tanto por su escasez estructural en Canarias como por sus características físico-químicas. En la Finca Tamaide el suministro procede del Canal Aguas del Sur, uno de los principales ejes de trasvase integrados en la Red Básica de Transporte de Agua de Tenerife. Este canal conduce aguas desde los municipios de Fasnia hasta la franja Arona-Adeje, alimentándose de distintas galerías de medianía situadas en el sureste de la isla.

La disponibilidad del recurso y su composición varían en función de la pluviometría anual y de las fluctuaciones en la explotación de las galerías, lo que dificulta establecer una caracterización completamente estable. Sin embargo, existen rasgos prácticamente constantes en las aguas de riego de Tenerife: se trata de aguas con exceso de bicarbonatos, carácter sódico, pH alcalino y elevada conductividad eléctrica. Estas condiciones influyen negativamente en la estructura y fertilidad del suelo, favoreciendo procesos de salinización y bloqueos nutricionales que requieren una gestión cuidadosa.

En este contexto, la finca se dotó desde el inicio de un sistema de riego por goteo que facilitara el enraizamiento y el desarrollo inicial de las especies implantadas, distribuyendo el agua de forma homogénea mediante líneas paralelas que cubrían la superficie de plantación. Con el avance del proceso regenerativo y la consolidación de las especies nativas y endémicas —ya adaptadas a las condiciones climáticas locales—, en 2025 se reorganizó el sistema para independizar el riego de los frutales, cuyas necesidades hídricas son mayores y no pueden cubrirse únicamente con la precipitación. Esta diferenciación ha permitido ajustar con mayor precisión la demanda hídrica del conjunto del sistema, optimizar el uso del recurso y avanzar hacia un modelo de gestión más eficiente y coherente con las limitaciones del territorio.

Por último, y con el objetivo de aprovechar la máxima cantidad de agua posible, en 2025 se instaló un sistema de recogida de aguas pluviales y un sistema de fitodepuración destinado a regenerar las aguas residuales procedentes de las oficinas y la vivienda ubicadas en la finca. Este sistema integra un biodigestor anaeróbico y un humedal vegetal en el que diversas plantas especializadas realizan de forma natural el proceso de depuración, permitiendo reintegrar el agua al ciclo del lugar bajo criterios de sostenibilidad y coherencia ecológica.

4. Diversidad vegetal del bosque autóctono productivo

En la actualidad, la Finca Tamaide alberga un total de 172 especies vegetales, configurando una estructura forestal diversa y funcional que responde al diseño inspirado en la forestería análoga. De ellas, 66 son especies nativas y endémicas, con un claro predominio de representantes del ecosistema de bosque termófilo, entre las que se encuentran acebuches (Olea cerasiformis), almácigos (Pistacia atlantica), dragos canarios (Dracaena draco), palmeras canarias (Phoenix canariensis), sabinas (Juniperus turbinata), lentiscos (Pistacia lentiscus), granadillos (Hypericum canariense), guaydiles (Convolvulus floridus), jazmín silvestre (Jasminum odoratissimum), orobales (Withania aristata), palosangre (Marcetella moquiniana) y peralillos (Gymnosporia cassinoides), entre otras. A estas se suman especies propias del cardonal-tabaibal, como incienso (Artemisia thuscula), cornical (Periploca laevigata) y tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera).

Junto a la flora autóctona, el bosque integra 48 especies de frutales templados, tropicales y cítricos, priorizando en la medida de lo posible variedades locales de Canarias, como melocotoneros, nísperos, perales, morales y almendros, por su adaptación histórica al territorio y su mayor resiliencia.

El sistema se completa con 51 especies exóticas que cumplen funciones auxiliares esenciales dentro del conjunto, como la fijación de nitrógeno, la movilización de nutrientes, la producción de biomasa o el papel de reservorio para insectos beneficiosos. Además, los estanques y charcas incorporan siete especies de plantas acuáticas que contribuyen a la diversificación de hábitats y al equilibrio ecológico general.

Esta diversidad no responde a una acumulación arbitraria de especies, sino a la reconstrucción consciente de una estructura forestal compleja, con distintos estratos y funciones interrelacionadas, que combina restauración ecológica y producción alimentaria dentro de un mismo sistema coherente.

5. Fauna como indicador ecológico

La fauna ha desempeñado un papel fundamental en la evaluación del proceso regenerativo. La Finca Tamaide no solo ofrece alimento y refugio, sino que, al situarse entre dos barrancos, actúa como corredor biológico que facilita el desplazamiento de especies, favorece la reproducción y contribuye al mantenimiento de la diversidad genética en el entorno.

Desde 2022 se realiza un seguimiento sistemático de aves y polinizadores diurnos —principalmente mariposas y abejas— mediante censos periódicos y el uso de cámaras trampa, generando un registro continuo que permite analizar la evolución ecológica del espacio. Estos grupos funcionan como bioindicadores sensibles a los cambios en la estructura y madurez del bosque.

Tras cuatro años de desarrollo del proyecto, se observa un incremento significativo tanto en la complejidad del bosque como en los indicadores biológicos. En el caso de las aves, se ha pasado de 22 especies registradas en 2022 a 37 en la actualidad, un aumento estrechamente vinculado a la consolidación del sistema. Entre las especies más representativas destacan el canario (Serinus canaria), el mosquitero (Phylloscopus collybita), el mirlo (Turdus merula) y el notable incremento del cernícalo (Falco tinnunculus).

El aumento de aves insectívoras como el mosquitero (Phylloscopus canariensis)y el herrerillo (Cyanistes teneriffae) indica una mayor madurez estructural del bosque y contribuye al control biológico de plagas. La presencia de aves migratorias poco habituales en la zona, como el zorzal común (Turdus philomelos) o el colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus), sugiere que la finca funciona como refugio de paso. Asimismo, el incremento de especies nidificantes confirma que el entorno ofrece seguridad y recursos suficientes para completar sus ciclos vitales. La mayor presencia de rapaces, como el cernícalo, el aguililla ratonera (Buteo buteo) y la aparición de la lechuza común (Tyto alba), situadas en la parte alta de la cadena trófica, es indicativa de un ecosistema equilibrado y con disponibilidad de presas.

En cuanto a los polinizadores, el seguimiento muestra un ecosistema dinámico. Las mariposas presentan un ligero descenso en el número total de individuos respecto a los primeros años, aunque varias especies generalistas, como Lampides boeticus, Leptotes webbianus, Pieris rapae y Colias crocea, se mantienen constantes. La reducción en la abundancia de algunas especies que inicialmente eran muy frecuentes confirma la sensibilidad de estos insectos a variaciones en la floración, el clima o la disponibilidad de plantas hospedadoras, lo que refuerza su valor como indicadores ambientales.

Las abejas, por el contrario, muestran una mayor estabilidad interanual. Los morfogrupos más comunes —abejas de la miel, abejas con bandas en el abdomen y abejas con patas peludas— constituyen la base funcional del sistema de polinización. Se aprecia incluso un ligero aumento en algunos grupos asociados a floraciones espontáneas. No obstante, se observa un incremento progresivo de las abejas de la miel acompañado de un leve descenso de abejas autóctonas, fenómeno que puede explicarse por la competencia por recursos y la posible transmisión de patógenos por parte de las colonias más numerosas.

6. Salud del suelo: monitoreo y cromatografías

El estado del suelo se evalúa de manera continua a través de análisis físico-químicos y microbiológicos, a los que recientemente se ha incorporado el uso de cromatografías como herramienta de lectura cualitativa del equilibrio del sistema. Las características del agua de riego, con tendencia a la salinidad y al exceso de sodio, generan desafíos que se corrigen mediante enmiendas orgánicas periódicas.

Desde el punto de vista microbiológico, se analiza la presencia y proporción de hongos, bacterias, protozoos y distintos organismos rizófagos, entendiendo que la salud del suelo depende de la interacción equilibrada entre estos componentes. Las cromatografías comparativas realizadas en la finca permiten observar diferencias claras entre los antiguos bancales no intervenidos y las islas regeneradas del bosque.

En los suelos no trabajados se aprecia una escasa interacción entre la fase mineral y la limitada materia orgánica presente, reflejando compactación y baja vitalidad. En contraste, los suelos regenerados muestran mayor integración de fases, tonos más ricos y signos de actividad biológica, evidenciando un suelo más oxigenado, estable y con inicio de formación de reservas húmicas.

7. Dimensión socio-cultural y artística

Residencias artísticas y creativas “La Reposera

El crecimiento del proyecto Finca Tamaide no ha sido únicamente ecológico. Desde la Fundación Canarina se entiende que la cultura y el arte son herramientas esenciales para fortalecer la conciencia ambiental y poner en valor el territorio y la biodiversidad canaria. Por eso, en 2025 se incorporó una línea cultural a través del programa de residencias artísticas y creativas “La Reposera”. Este programa ofrece apoyo a la comunidad artística local, proporcionando un espacio donde desarrollar proyectos vinculados a la naturaleza y la sostenibilidad. Durante sus estancias, la Finca Tamaide se convierte no solo en un lugar de creación en calma y conexión con el entorno, sino también en una fuente de inspiración y aprendizaje. Además, los y las artistas residentes realizan, a cambio de la estancia, actividades participativas con colectivos locales, con el objetivo de dinamizar la vida cultural en las medianías del sur de Tenerife, tradicionalmente menos atendidas que las áreas metropolitanas.

Paisajismo arquitectónico

El arte constituye un eje transversal del proyecto y forma parte de su identidad. La intervención en el bosque regenerado desde el paisajismo arquitectónico, principalmente a través de la adecuación de las charcas y la instalación de estructuras de sombreo, se ha planteado como un ejercicio de diseño respetuoso y no invasivo, buscando integrar belleza y funcionalidad ecológica. Frente a modelos constructivos que priorizan la imposición y el beneficio inmediato sin conciencia ambiental, en Tamaide se ha optado por escuchar el lugar y dialogar con él antes de intervenir.

Las arquitecturas y paisajes creados imitan la orografía, las formas, los materiales y los ritmos del entorno, procurando que la intervención parezca haber surgido de manera orgánica. Se ha trabajado con el criterio de mínima afección al suelo, casi como si las estructuras se posaran sobre él, y con la intención de generar espacios que sirvan tanto al ecosistema como a las personas. Así, se han diseñado áreas que favorecen la cohabitación de especies y reducen la evaporación del agua, al tiempo que ofrecen lugares para el encuentro, la contemplación, la lectura o el simple estar.

Ámbito educativo y formativo

En el marco del programa socioeducativo CONECTA, impulsado por la propia Fundación en centros educativos del municipio, la finca recibe visitas de estudiantes locales con el objetivo de fortalecer la conexión con la naturaleza, difundir el valor de la biodiversidad canaria y compartir las bases agroecológicas que sustentan la gestión del espacio. Estas experiencias combinan conocimiento científico, vivencia directa y reflexión crítica, fomentando una relación más consciente y activa con el entorno.

Asimismo, la finca es un espacio visitable que acoge encuentros, formaciones y actividades dirigidas a distintos colectivos, generando un lugar de intercambio y diálogo en torno a la gestión sostenible del territorio y la soberanía alimentaria.

8. Dimensión política: diagnóstico rural participativo y acción comunitaria

Con el propósito de consolidar un espacio comunitario resiliente que promueva el conocimiento compartido, la soberanía alimentaria y la organización colectiva, entre 2023 y 2024 se desarrolló desde el proyecto un Diagnóstico Rural Participativo (DRP) en el entorno de San Miguel de Abona. Este proceso permitió mapear de manera sistemática los actores, recursos y principales problemáticas del ámbito rural del municipio, partiendo de un análisis situado y realista de la situación local. A partir de este conocimiento, se buscó diseñar una estrategia de actuación vinculada al proyecto regenerativo que respondiera a las necesidades concretas de las personas del entorno, trabajando desde su propia realidad y no desde planteamientos externos.

La metodología empleada se fundamentó en el respeto a la cultura local, la acción conjunta y la autogestión comunitaria. El DRP no se planteó como un estudio extractivo, sino como un proceso de construcción colectiva de conocimiento, integrando experiencias, saberes tradicionales y memoria campesina con herramientas contemporáneas de análisis territorial.

La finalidad última de este trabajo es activar cambios tangibles apoyándose en los recursos y capacidades de la Fundación, contribuyendo, en la medida de lo posible, a incidir también en el ámbito político. Se trata de aportar propuestas que ayuden a revertir el proceso de desagrarización que el municipio viene sufriendo desde hace décadas. Entre las principales problemáticas identificadas destacan las dificultades de acceso al agua y a la tierra, la precariedad laboral en el sector primario, la falta de relevo generacional, la pérdida progresiva de saberes tradicionales, la ausencia de canales de comercialización estables y seguros y la insuficiencia de apoyo institucional.

A partir de este diagnóstico se formularon propuestas orientadas a fortalecer la participación comunitaria, la formación, la visibilidad y la sostenibilidad del proyecto. Entre ellas se contempla reforzar la conexión con el entorno inmediato, promover redes de colaboración, generar espacios de debate y actividades sociales en la finca, impulsar acciones formativas específicas, potenciar mercados de proximidad y fomentar el asociacionismo como herramienta para recuperar capacidad de incidencia y autonomía colectiva en el medio rural.

9. Un modelo replicable desde lo local

La Finca Tamaide constituye uno de los pocos ejemplos activos de aplicación sistemática de la forestería análoga en el archipiélago canario. En un territorio caracterizado por alta endemicidad, escasez hídrica estructural y fuerte presión urbanística y turística, la experiencia demuestra que es posible restaurar ecosistemas funcionales, integrar producción y conservación, mejorar indicadores ecológicos medibles y activar procesos sociales vinculados al territorio.

Más que una finca productiva, Tamaide es un proceso vivo de restauración integral que aporta un modelo replicable en contextos insulares y semiáridos, reforzando desde lo local la resiliencia ecológica y comunitaria.

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